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julio 10, 2020

Entre los muchos inventos del gran Imperio chino (siglo VI d.C.), existió un sistema que permitía imprimir por medio de madera talladas, entintadas e impresas sobre una hoja de papel. La importancia de dicho descubrimiento fue tal que, en la historiografía moderna china, la impresión es considerada una de las cuatro grandes invenciones de la Antigua China.

En el siglo XV aparece Johannes Gutenberg e hizo tres grandes innovaciones en el mundo de la imprenta:

1.-Utilizo por primera vez tintas con base oleosa, las cuales eran más duraderas que las de base acuosa.

2.-Los caracteres tipográficos se vuelven más resistentes, ya que están hechos con una aleación de plomo, estaño y antimonio.

3.-Inventa la prensa para imprimir.

Años más adelante, un hombre estadounidense de nombre Richard March inventó la primera rotativa de la historia, la cual consistía en que las imágenes que se iban a imprimir estaban curvadas alrededor de cilindros giratorios. Por tanto, ya no había una superficie plana que ejerciese presión para la impresión: ahora, el papel pasaba a través de un cilindro que ejercía una presión mucho más potente. Gracias a la mecanización del proceso y a la introducción de las bobinas, la máquina rotativa imprimía hasta ocho mil copias por hora. Por ello, podemos definirla como la primera máquina tipográfica para grandes tiradas.

En 1875, Robert Barclay inventa la técnica de impresión offset y, en 1904, Ira Washington Rubel la adapta al papel. Se trata de un método de impresión indirecto basado en un fenómeno químico/físico muy sencillo: el de la repulsión entre el agua y las sustancias grasas.

Las ventajas de la impresión en offset son la alta definición y resolución de impresión y la alta calidad de impresión en cualquier tipo de papel, incluso en los que no presentan una superficie perfectamente lisa. Pero son voluminosas y requieren mucho mantenimiento, razón por la cual este sistema de impresión es conveniente solo para grandes producciones.

En 1971 es cuando Xerox Corporation desarrolla la tecnología láser. En una impresora láser, el contenido para imprimir es generado por procesos electrónicos y se imprime directamente en la hoja de papel. Más en detalle: la imagen es transmitida por el láser a un cilindro de selenio fotosensible —llamado «tambor» o «rodillo magnético»— y, desde aquí, a través del tóner, se lleva directamente al papel. Desde este momento en adelante, cualquiera puede imprimir lo que necesite de forma autónoma.

La gran difusión al público de las impresoras láser comenzó a principios de la década de 1990, con los modelos de inyección de tinta, agujas y sublimación. A partir de ese momento, se fabricaron impresoras cada vez más económicas, cada vez más compactas y cada vez más eficientes.

En 1983 fue cuando Chuck Hull utilizó por primera vez los rayos UV para endurecer los barnices. El ingeniero bautizó su invento con el nombre de «estereolitografía», un método que permite crear objetos sólidos con capas superpuestas de polímero líquido sensible a la luz ultravioleta. Parte de un modelo en 3D producido por un software de modelado, como por ejemplo Blender o AutoCAD.

Hoy en día existen varias tecnologías de impresión 3D. Se diferencian en la manera en que se ensamblan las diferentes capas: se pueden utilizar materiales que se fundan con el calor, materiales líquidos que se endurezcan o materiales laminados que se unan entre sí. La impresión en 3D se usa en muchos ámbitos —desde la arquitectura y la arqueología hasta el arte y el sector sanitario— y estamos seguros de que a estos se irán añadiendo otros más.

Toda esta evolución nos permitió obtener impresiones en cuestión de minutos, masificando su alcance y facilitándonos el acceso a la información a través de multitud de medios impresos (prensa, libros, documentos, etc.). Cada vez de mayor calidad y a un coste más reducido.

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